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Cuando uno enseña, dos aprenden.


"Enseñar no es transferir conocimiento, es crear la posibilidad de producirlo" -Paulo Freire

Fue hace poco más de quince años que me paré por primera vez frente a 37 alumnos dispuesta a, según yo, dar clases de inglés. El material listo, la clase preparada, revisada y avalada por mi asesora, ellos preparados para aprender, los libros en la mano y yo, al frente del salón sin poder hablar. Si alguna vez han estado en una situación similar pueden entender que levantar la voz para que todos te escuchen es muy complicado o incluso poder hablar frente a tantas personas de una forma natural, moviendo las manos, haciendo gestos y estando cómodo, es prácticamente imposible. En mi caso, para empezar, la voz ni me salió, las piernas me temblaban para todos lados, yo no supe qué hacer a pesar de que solo había que seguir una serie de pasos y además, lo único que lograron mis alumnos fue que yo sintiera pánico total. Ellos sabían ser alumnos pero yo era una novata en esto de dar clases.


Esto sucedió mientras estudiaba Literatura inglesa en la universidad, y cuando me dijeron que dando clases en la misma facultad podía librarme del servicio social no lo dudé y dije “Va, estoy dispuesta a dar clases, con tal de tener el servicio liberado”, como si fuera algo intrascendente o incluso algo que solamente iba a hacer unos cuantos meses, de todas formas yo estaba completamente segura que iba a dedicarme a otras cosas en la vida. Sin embargo, haberme parado frente al salón de clases me había desafiado lo suficiente como para quererlo volver a hacer, así que todos los lunes, miércoles y viernes, seis horas a la semana y por un semestre, yo era una maestra de idiomas.


"Yo vi lo cómodo y lo fácil, pero detrás estaba el trabajo constante y el esfuerzo de entender que el otro no es como uno"


La verdad es que yo vi lo cómodo y lo fácil, ¿qué tan difícil puede ser explicar los verbos, enseñar vocabulario o decirles a los alumnos que tal o cual tiempo verbal se construye de la misma manera en cualquier lugar? Pues resultó que era de lo más complicado. Insisto, solo por que era mi servicio social yo vi lo cómodo y lo fácil, pero detrás estaba el trabajo constante, el esfuerzo de entender que el otro no es como uno, que opina, que ve la vida de diferente forma y es completamente diferente; detrás de esa falsa idea de que solo se trata de mostrar imágenes y hacer que el otro aprenda palabras está la verdadera figura del maestro, de ese ser humano que guía, instruye, educa y ama al otro como su igual. Y entonces, cuando un buen día me di cuenta que mis alumnos estaban ahí para aprender inglés porque eso les iba a dar mejores oportunidades en el futuro, dejé de tomar mi servicio social a la ligera, pues fuera o no experta, lo quisiera o no, yo ya era responsable de su aprendizaje desde el día uno.

Lo que siguió fue ya no solo preparar clases ni buscar las formas de sentirme cómoda frente a un grupo, sino documentarme, leer artículos, buscar consejos con mi mentora de la facultad, hasta que un día leí de Paulo Freire que “La educación tiene como objeto formar a la persona, no solo informarla” y que por eso dedicarse a dar clases es hacer que el alumno desarrolle sus potencialidades o posibilidades. Me gustó tanto la frase que me la aprendí de memoria y la guardé en todos lados sin darme cuenta que en realidad ya me había enamorado de la docencia. Unos cinco años después fueron las mismas palabras que me llevaron a escribir mi tesis, otros años más adelante lo que guió mi profesión en momentos confusos y hoy lo que me mantiene no solo dando clases de lengua, sino capacitando futuros profesores, explorando nuevos enfoques, creando materiales de enseñanza, y buscando las mil maneras de sincronizar a la enseñanza-aprendizaje de la lengua con la cultura y con el aprecio mutuo entre los hablantes.


"No se puede dar aquello de lo que no se tiene, así en la docencia, no se puede instruir algo de lo que uno ignora"


Quizá de lo mas equivocado fue pensar al inicio del servicio social que dar clases era enseñar algo al otro cuando en realidad es ir un paso hacia atrás y darte cuenta que al primero al que le vas a enseñar algo es a ti mismo. La docencia empieza justo ahí, cuando te cuestionas cómo le vas a hacer para que el alumno desarrolle sus potencialidades y la única forma en la que lo vas a lograr es desarrollando las tuyas. Yo no sabía que al ir conociendo e instruyendo a mis alumnos también iba a reconocer cosas en mí, como si ellos y yo fuéramos de la mano aprendiendo al mismo paso; y es que si, porque ley de la vida, no se puede dar aquello de lo que no se tiene, así en la docencia, no se puede instruir algo de lo que uno ignora.

¿Cómo hacerle entonces para instruirse a sí mismo? En mi caso empecé estudiando inglés ya no solo como la alumna sino como la maestra, prepararme para las posibles dudas de mis alumnos en clase, explorar los idiomas (tanto mi lengua materna como la extranjera) y preguntarme el porqué de sus reglas, de su estructura. Lo que con el tiempo fui generando fue no solamente perfeccionarme en el inglés, sino hacerme de estrategias que ayudaran a mis alumnos a asimilar fácilmente lo que estaban estudiando, es decir, a observar, a reflexionar, a animarlo a percibir cómo el conocimiento que recién estaba adquiriendo se incorporaba a su vida cotidiana. Mis alumnos entonces ya comenzaban a darle un uso real a lo que estaban aprendiendo, no memorizaban palabras sin sentido y yo no les informaba de nada, sino que ellos iban construyendo su propio aprendizaje a través del análisis, por si mismos ya iban afrontando la realidad gracias a la actitud crítica que tenían sobre el estudio, mientras que yo me iba construyendo como maestra.


"Y es que la docencia es generosa, no se queda satisfecha con que solo uno aprenda"


Han pasado ya varios años desde esa primera vez que me paré al frente del salón y aunque ya no soy una novata sigo pasando por lo mismo, puede ser porque algo dentro de mí no deja de serlo o quizá porque cada alumno nuevo revive esa sensación de reto en el maestro. En mi caso siempre le digo a mis alumnos: “ustedes creen que vienen a aprender algo cuando en realidad vienen a enseñar mucho mas”, y es que la docencia es generosa, no se queda satisfecha con que solamente uno aprenda, sino que hace que cuando uno enseña, son dos los que aprenden, son dos los que hombro a hombro se van construyendo.

Yo solo espero que nunca se me quite la sensación primera de temor y nervio cada que conozco alumnos nuevos, eso siempre me ha hecho desafiar la comodidad y saber que aunque pasen los años siempre hay nuevas propuestas por analizar.




 

- Yaz Nájera, quien volvió a sentir los mismos nervios que al frente del salón, pero ahora porque


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